La infancia suele asociarse con alegría, juego y energía constante. Por eso, cuando un niño se muestra callado, irritable o simplemente “apagado”, muchos padres se preocupan… o incluso se confunden.
¿Está triste? ¿Será solo una etapa? ¿Debería preocuparme?
Como pediatra, acompaño a muchas familias que llegan con estas mismas preguntas.
La buena noticia es que las emociones en la infancia son tan normales como necesarias. La clave está en aprender a reconocerlas, acompañarlas y saber cuándo pedir ayuda.
Las emociones también crecen
Los niños no nacen sabiendo expresar lo que sienten. Durante los primeros años, aprenden a identificar el miedo, la tristeza, la frustración y la alegría a través de la relación con sus cuidadores.
Por eso, cuando un niño se muestra “apagado” o ansioso, muchas veces no es que algo esté “mal”, sino que está aprendiendo a manejar emociones intensas que aún no sabe nombrar.
Estar triste a veces es parte de crecer. Lo importante es observar la frecuencia, la intensidad y el impacto que esas emociones tienen en su día a día.
Tristeza infantil: cuándo es normal y cuándo no
La tristeza ocasional es normal y hasta saludable. Puede aparecer:
- Cuando extraña a alguien.
- Si hay cambios en la rutina (como empezar el colegio).
- Después de una pelea con un amigo o hermano.
- Ante una pérdida o separación.
Estas situaciones no deben alarmar, siempre que el niño logre recuperarse con apoyo, juego o afecto.
Sin embargo, debes consultar si:
- La tristeza dura más de dos semanas.
- Pierde el interés por jugar o socializar.
- Tiene cambios de apetito o sueño.
- Se muestra constantemente cansado o sin energía.
- Expresa frases como “no quiero hacer nada” o “soy malo”.
En esos casos, es importante una valoración médica y emocional. En la consulta pediátrica, analizamos tanto los aspectos físicos como los emocionales, y puedo orientarte sobre cuándo es útil complementar con apoyo psicológico.
Ansiedad infantil: más común de lo que parece
La ansiedad es una respuesta normal ante lo desconocido. En niños, puede manifestarse con:
- Dolor de cabeza o de estómago sin causa aparente.
- Llanto al separarse de los padres.
- Irritabilidad o dificultad para dormir.
- Miedo excesivo a la escuela, la oscuridad o ciertos lugares.
La Asociación Española de Pediatría explica que estos episodios suelen aparecer entre los 3 y 8 años, y que la mayoría son transitorios si cuentan con acompañamiento afectivo y límites claros.
El problema surge cuando la ansiedad interfiere con la vida diaria: el niño evita actividades, se enferma con frecuencia o su rendimiento escolar disminuye.
Diferencias entre tristeza, ansiedad y depresión
| Emoción | Características | Duración | Requiere consulta |
| Tristeza | Reacción ante una situación específica | Dura pocos días | Solo si es prolongada |
| Ansiedad | Anticipación o miedo ante algo | Fluctúa, puede repetirse | Si afecta sueño o apetito |
| Depresión infantil | Estado persistente de desánimo y desinterés | Dura semanas o meses | Sí, siempre |
La depresión en niños existe, y aunque no siempre se presenta igual que en adultos, puede expresarse con irritabilidad, aislamiento o bajo rendimiento escolar.
Más información en la OMS – Salud mental infantil.
¿Cómo se aborda desde la pediatría?
En la consulta de crecimiento y desarrollo, no solo reviso peso y talla. También observo:
- Cambios en conducta y lenguaje.
- Estado emocional general.
- Relaciones familiares y escolares.
Si es necesario, trabajo de manera interdisciplinaria con psicología infantil o neurodesarrollo.
El objetivo no es “etiquetar” al niño, sino comprender lo que le pasa y ayudarlo a expresarlo de forma sana.
Qué puedes hacer en casa
Escucha sin juzgar. Permite que exprese lo que siente sin minimizarlo (“no llores”, “no es para tanto”).
Evita la sobreexigencia. A veces los niños se sienten abrumados por la presión escolar o familiar.
Asegura descanso y rutinas estables. La estructura da seguridad.
Fomenta actividades creativas. Dibujar, leer o jugar son vías naturales para procesar emociones.
Predica con el ejemplo. Los niños aprenden más de cómo gestionas tus emociones que de lo que les dices.
Cuando el cuerpo habla por las emociones
Muchos niños expresan su malestar emocional a través del cuerpo: dolor de cabeza, de estómago, falta de apetito o cansancio constante.
Si el examen físico y los paraclínicos son normales, es importante escuchar lo que el cuerpo intenta comunicar.
La Academia Americana de Pediatría destaca que identificar tempranamente estos síntomas permite intervenir antes de que se vuelvan más intensos o afecten la vida escolar y familiar.
Acompañar sin presionar
No se trata de exigir que estén felices todo el tiempo. Se trata de enseñarles que todas las emociones son válidas y que siempre pueden contar con un adulto que los escuche.
Un “¿quieres hablar?” o un simple abrazo pueden ser más terapéuticos que cualquier sermón.
A veces, lo que un niño necesita no es que le quiten la tristeza, sino que lo acompañen a atravesarla.
Acompañamiento pediátrico con empatía
Soy la Dra. Daniela Rendón, pediatra dedicada a acompañar el desarrollo físico, emocional y familiar de cada niño.
Mi misión es transformar la ansiedad parental en confianza informada, con un enfoque humano y cercano.
Si notas que tu hijo está triste, ansioso o “apagado”, agenda una consulta. No para etiquetarlo, sino para comprender juntos lo que le pasa y ayudarlo a sentirse mejor.
Crianza consciente, pediatría confiable.

